martes, 19 de julio de 2011

Capítulo 8- Perdón.

Acabamos de comer. Ponemos los platos en el lavavajillas, recogemos la mesa, y nos hacemos un café. Vamos al salón. Él se sienta en el sillón, yo me recuesto en el sofá.

-             -Bueno Sandra, tu cuándo te tienes que ir?
-             -Pues en… una hora larga… Pero, es que estoy muy cansada, puedo descansar un rato…?
-             -Si si, ya miro yo esto… Tú descansa.
-             -Vale, gracias.
Coge el portátil y continúa con mi trabajo dejado a medias. Miro por la ventana. Hace buen tiempo. Queda un poco de lluvia en la ventana, y unas pocas gotas cuelgan de las hojas de los árboles, pero, está bien. Veo como un pájaro se posa sobre la ventana. No para quieto. Mira a su alrededor con curiosidad. Es gracioso. La curiosidad que tiene. Seguro que este mundo es extraño para él. Él es tan pequeño y diminuto. Tan pequeño y diminuto cómo me sentía yo antes… Hace unos años, para una persona… Si, en cierto sentido, me podría identificar con un pájaro. Solo que me gustaría poder volar de verdad. Me gustaría tener alas, cuando algo no me gustase, poder volar. Ver el mundo por mis propios medios. Poder volar. Ser libre, y que me diese el aire en la cara. Pasar por encima de miles de pueblos, y no tener que pararme. Poder volar. Como me gustaría volar. El pájaro empieza a cantar una canción, una bonita canción… Hace que cierre los ojos, y, poco a poco, me quede dormida…


“       –Sandra! Sandra! No te vayas!
- Que quieres?
- Que no te vayas!
- Por qué? Para no quedarte solo, y sin juegos cuando te aburras?
- No digas tonterías!
- No estoy diciendo ninguna tontería! Digo la verdad! Lo único que querías de mi, era usarme como un juego! Como una broma..!
- No es cierto! En la vida no son todo bromas, aunque tú lo pienses!
- Yo no pienso eso! Solo que contigo, todo parece serlo!
- Puede que lo pienses, puede que cosas lo sean, pero, esto no lo es!
- Esto? De que esto estás hablando?
- De esto, esto que tenemos. Esto que surgió un día de una manera tan extraña… Esto que hace que me sienta como un chico tan afortunado! Esto que me hace temblar cuando te veo, y llorar cuando te vas! Esto.. Esto que hace que te diga que te quiero.
- Espera…
- Que?
- Hablas de amor?
- Si! Hablo de amor. Claro que hablo de amor!
- No te creo…
- Por qué? Por qué no me crees?
- Por que es prácticamente imposible que tú… Que tú hables de amor…
- Es prácticamente imposible? Pues es cierto Sandra! Es cierto!
- Deja de mentirme! En serio! No se si lo sabes, pero.. Haces daño…Haces mucho daño…
- Sandra… Cálmate!
- No me digas que me calme! Por que esto no es cosa mía. Es cosa tuya y de tus amiguitas!
- De que “amiguitas” hablas?!
- No sé.. Tú sabrás, no?
Las lágrimas se deslizaban por mi cara. No podía creerlo. Yo que había confiado tanto en él. Yo que pensaba que me quería. Que todo lo que me decía era cierto. Pero no, todos acaban lastimándote en algún momento.
- Sandra! Mírame!
- Que quieres?
- Escúchame!
- El qué?
Sin querer le gritaba, le gritaba muchísimo. En ese momento le odiaba, no podía mirarlo, pero aún así, le necesitaba, y tenía miedo a perderlo, pero, le gritaba. Le miraba mal.Sin poder controlarlo. Era una mezcla de tanto odio, pero, también, tanto amor. Me agarraba las manos. Me agarraba fuerte, pero yo intentaba soltarme.
- Que tienes que decirme? Eh?!
No dice nada. Es a él ahora que el caen las lágrimas. Me mira fijamente, me intenta calmar con la mirada.
- Que te quiero! Vale? Contenta? Te quiero!
No sabía que contestarle, no quería gritarle más. Se quedó agarrándome, y yo ya no intentaba soltarme. No quería soltarme de el, jamás.
- Si, Sandra, te quiero, vale? Pase lo que pase, te quiero. No quiero perderte. Y n es por un juego, es por que es verdad! Es por que te necesito! Te quiero, y no quiero perderte!
Con esas palabras, sin preguntar, se acercó a mí y me besó. Yo me aparté. El me miró. Pero yo era incapaz de no besarle, y toda discusión desapareció en forma de un beso mojado por las lágrimas y mojado por las mentiras en ese momento olvidadas. Desaparecieron todos los malentendidos e forma de un te quiero, que lo explicó todo. Desapareció todo, todo…”


Intento no perder la conexión con ese sueño, sigo con los ojos cerrados e intento volver a oler su colonia o el olor del lugar en el que estaba, no se dónde, no se cuándo, pero el caso es que, fuese Roma o fuese Venecia, se notaba el aire pesado, indicando que pronto llovería, y se olía el fresco olor a hierba mojado por el rocío de la mañana. Intento volver a ver su cara, pero, no la recuerdo. En el sueño no se veía muy clara, estaba todo borroso, como si una capa de nubes le cubriese la cara, y solo dejaba ver el color de sus ojos. Negros. Negros como la noche. Negros como el azabache. Negros como lo es un gato de la mala suerte. Transmitían miedo, al mirarlos, sentía un escalofrío, que empezaba en mis ojos, pasaba por mi corazón y acababa en mis pulmones, cortándome la respiración y haciéndome temblar. Pero, aparte de todo ese miedo, de todo ese temor por algo desconocido, sentía un inmenso amor. No sé si era amor o era simple curiosidad por saber qué se escondía en el corazón de ese chico que me tenía impresionada cada vez que le veía. Estaba enamorada de él, si, cierto. Quería conocerlo mejor, quería probar sus besos más veces. Pero, el tiempo se nos echó encima, y tan solo fue una pequeña historia. Si, quizás sea cierto que las cosas cortas con las que se quedan más en la memoria, y en este caso, más en el corazón… El caso es que un chico, tan extraño para los ojos de los demás, tan complicado de entender, fue alguien que salió de mi vida tan rápido como entró, pero que nunca llegó a irse de mi corazón. Con él nunca llegó a ser “algo”, nunca tuvimos los típicos romanticismos de toda pareja, no es que nunca me dijera “te quiero”, pero, no me lo decía como todos. Me lo decía mirándome a los ojos, agarrándome y besándome con fuerzas. Tampoco me llamaba “mi princesa” o “mi vida” ni siquiera llegó a decirme “mi niña”. Lo dicho, nunca tuvimos los típicos romanticismos. Nunca llegué a saber si de verdad me quería o si yo era simplemente un pasatiempo, o una historia más que contar, pero, la verdad, ahora me da igual. No cambiaría nada saberlo. La única manera de volver a vivir esos días es soñando, ya que no hay fotografías ni vídeos, pero, en los sueños no se pueden cambiar las cosas, ni hacer preguntas. Solo se puede mirar. Debido a la falta de cosas materiales, casi no recuerdo su cara… Por eso en mis sueños, no se ve… También es por que no sé como es ahora. Las caras de las personas cambian con los años, pero los ojos, no cambian demasiado… Es lo único que recuerdo. Sus ojos.
De aquella corta relación aprendí tanto… Aprendí a amar sin importame lo que dijeran los demás, a amar sin cosas materiales. A amar a una persona por como es. 
Lo único que me faltó, fueron respuestas. Tenía tantas preguntas… La curiosidad que sentía por él era inmensa… Quería descifrar el sentido de sus besos, analizar cada latido de su corazón, entenderle con solo mirarle a los ojos…
Si, otra cosa que aprendí de aquella relación, a saber vivir sin tener respuestas a todo…. A amar a alguien sin conocer cada milímetro del cuerpo o del alma de una persona.


- Y ahora qué? – Pregunto mirando para ellos
- Como que ahora qué? A que te refieres…? – me pregunta Elena
- Pues eso, que qué hacemos, a dónde vamos…?
- No sé… A dónde vamos? – dice mirando para el señor – Que es lo que hacía la gente después de montarse aquí?
- Pues lo que acabáis de hacer vosotros. Preguntarme a mí. y yo siempre les contestaba lo mismo… Que hiciesen lo que tuviesen que hacer… Si tenían que pedir perdón, que no perdiesen tiempo, que cogiesen, corriesen y fuesen a junto de esa persona que estaba esperando una disculpa. Si tenían que dar gracias, que hiciesen lo mismo y mostrasen su gratitud en forma de un abrazo. Si tenían que ayudar, que lo hiciesen. Si tenían que olvidar, que olvidasen. Si tenían que besar, si tenían que abrazar, si tenían que pensar, correr, conseguir algo, un sueño, una ilusión, si tenían que encontrar respuestas, que no perdiesen tiempo y se pusieran a buscar… No sé si las personas me hacían caso, si fueron a hacer aquello que necesitaban, pero, confío en que lo hicieron y que les fue bien…
- Pedir perdón…?
- Si, pedir perdón. Es que tú, jovencito, tienes que pedir perdón a alguien…?
- Sí… Pero, no me escuchará. Le fallé. – Miro para abajo, intentando no pensar en aquello que pasó hace años… - Le fallé…
- A quién fallaste…? – me pregunta Elena, curiosa. nunca se lo conté.
- A un hombre. A un hombre que me mantuvo en brazos, después de mi madre cuándo yo nací. Un hombre fuerte y valiente. Un hombre que tuvo el valor de decir sí a quedarse conmigo, sin tener nada que ver conmigo en cuánto a genética. Un hombre que también tuvo el valor suficiente de llorar delante de personas, que tuvo el valor de contarme la verdad. Un hombre al que yo quería profundamente, pero, al que hace unos años, dije adiós. Por una razón sin sentido. Me fui. Me fui de su casa. Me fui de su vida, no di ni una dirección, ni un número. Ni si quiera un abrazo. No me puedo creer lo idiota que fui, lo ciego que fui al pensar que estaría mejor solo. No tiene sentido. Ahora me doy cuenta, ahora me doy cuenta que fallé al hombre que me crío. Al hombre que se quedó conmigo después de que mi madre perdiese la vida de la forma en la que lo hizo y después de que mi padre desapareciese sin dejar rastro, diciendo que no se quería ocupar de mi, un hombre que dejó sola a mi madre. Y este hombre, el hombre que abandoné, no dudó en ayudar a mi madre, no dudó en correr hacia ella y decirle “aquí estoy, que necesitas?”. Estaba dispuesto a lo que fuese, incluso a criar a dos niños que no eran suyos. Uno mi hermano, y el otro, yo. Dos niños hijos de una pareja  que no pensó en las consecuencias, que no tuvo cuidado. Que se arriesgó y cuándo vieron que les trajo el destino, quisieron escaparse… Cuando vieron que no podían hacerse cargo de nosotros, por causas que ya no quiero recordar, decidieron dejarlo todo…Mi padre escapando de casa, y mi madre… Pues haciendo lo que hizo… Perdiendo la vida. Y este hombre se buscó otro trabajo, uno más duro, pero que le permitía tener tiempo para nosotros, y dinero para cuidarnos. Un hombre que lo dejó todo. Un hombre que se arriesgó, que tuvo el valor de arriesgarse. Un hombre al que despedí de mi vida sin razón. Un hombre que era como… Era como mi padre.
Se quedan los dos callados. Supongo que no se esperaban esto. Pero, es lo que me ha enseñado el “Carosello di Emozioni”…
- Y ahora, quieres pedirle perdón?
- Si! Claro que quiero…! Necesito hacerlo! Necesito hacerlo, disculparme por mi idiotez, por mi estupidez… Pero, ya es tarde. ya no me escuchará.
- Ese hombre te quería?
- Si, me quería.
- pues si te quería e hizo todo eso por ti, te escuchará…
- Pero, ya es tarde…
- No, nunca es tarde para pedir perdón.
Entonces, Elena me coje de la mano, y me señala al camino de vuelta. nos despedimos de este señor, y agarrados de la mano, corremos de vuelta.
- A dónde vamos?
- A casa de tu padre.
- Pero, no puedo ir ahora… no sé que decirle, hace años que no le veo. No se acordará de mi. no querrá saber nada de mi. Habrá rehecho su vida, y no se acordará de quién soy.
- Deja de poner excusas estúpidas, monta en tu moto, y vamos a casa de tu padre, que quiero estar de vuelta antes de que anochezca.
- Vale. Tienes razón, tengo que ir.
Llegamos al aparcamiento dónde habíamos dejado la moto, y montamos en ella. Antes de meter la llave me quedo sentado y cierro los ojos durante un momento.
Si, voy a hacerlo. Tengo que hacerlo. Meto la llave, y acelero. Camino a casa.


Por fin abro los ojos. Ya está, es inútil intentar volver al sueño. No lo conseguiré. En cuánto abro los ojos noto unas lágrimas que se empiezan a asomar y empiezan a resbalar por mis mejillas.
- Sandra? Que te pasa? Antes de dormirte estabas tan feliz… y ahora.. Que te pasa?
- Supongo que la frase que dicen es cierta… Que justo cuándo una cree estar feliz, una lágrima empieza a pasearse por su mejilla haciendo de líder a otras tantas que vienen detrás…
- Ven aquí anda…
Se acerca a mi y me abraza fuerte.
- Que te pasa?
- No sé. Tuve un sueño, un recuerdo de hace tiempo, un recuerdo que ultimamnte no deja de pasarse por mi cabeza. Y…no sé. me hizo recordar que hace tiempo que no amo como amé aquella vez….
- Sh, calla. No hace falta que digas nada más…
- La verdad, es que no se para qué miento… Seguramente yo fui un simple juego para él… No lo sé, me gustaría saberlo, me gustaría saber la verdad, pero, ahora no tengo forma de averiguarlo… y aunque no vaya a cambiar nada, me qiero asegurar que haber sido un juego para él…
- Tu no sabes que fuiste, así que no des por supuesto nada.
- Ya, pero es lo más seguro…
- Aver, para. Deja de estar mal por algo que o sabes si es ceirto. Ya malgastaste demasiadas lágrimas, y ahora no es tiempo para repetir aquel error. Sabes que vas a hacer ahora?
- Que…?
- Vas a coger tu bolso, tu chaqueta, lo que te queda de café y te lo tomas de camino. vas a trabajar, te olvidas de esto, haces bien tu trabajo, y cuándo acabes, me llamas. Vale?
- Vale…
- Y, porfavor, no hagas ninguna estupidez, vale?
- Vale… Prometido. Espera que voy al baño antes de nada.
- Vale vale.
Me levanto y voy al baño. cierro con pestillo y me sineto en el váter. Apoyo la cabeza sobre las manos e intento llorar de verdad, pero no doy. Ya no consigo llorar, nos e por qué, como mucho, unas lágrimas, como antes, pero hace tiempo que no lloro de verdad… Mejor paro, tampoco quiero llorar ahora mismo. Me levanto, y me miro en el espejo. Me lavo la cara y me maquillo mejor, no puedo ir así a trabajar. Me ato el pelo en una cola de caballo alta, y me coloco un poco. Si, así, por ahora es mejor que esconda todos mis problemas, y ponga una sonrisa. Así es como tengo que ir, con la cabeza alta y una sonrisa. Aunque detrás se escondan muchas lágrimas o penas…
Salgo del baño, cojo mi bolso y le doy un abrazo a mi gran amigo.
- Gracias. De verdad.
- Venga, ve. Yo termino todo el asunto de los billetes. Llámame cuándo salgas, vale?
- Vale, de acuerdo.  Adiós.!
Salgo, cierro la puerta. Me pongo unos cascos con música y respiro ondo. Empiezo a caminar. Camino a trabajar.
Prefiero no seguir pensando en lo mismo todo el tiempo. Acabaré mal de tanto intentar encontrar una respuesta sin pistas… no sé que hacer. si buscarle, sin importarme el parecer desesperada, o si esperar a que aparezca… Aunque llevo años intentando que aparezca… Bueno, quizás deba dejárselo al destino… Para algo existen las casualidades…
Una bicicleta viene lanzada hacia mi y no me da tiempo a a apartarme….
- Ay!
De repente me encuentro tirada en el suelo, en brazos de un hombre que me mira preocupado, peor no miro para él.
            - Lo siento muchísimo, estás bien?
            - No sé, me duele el tobillo.
Miro para él y veo mi reflejo en sus gafas de sol.
            - Llamo a una ambulancia?
            - No no, no hace falta…
            - De verdad? Puedo hacer algo por ti?
            - No gracias, ya estoy bien…
            - Pero necesitas un médico, que te puedes haber roto algo… Espera, que te llevo al hospital.
            - No te preocupes, no hace falta, no tienes por qué…
            - Ya, pero quiero. Edu, quédate con la bici, que la voy a llevar al hospital. – Le dice a un amigo suyo que estaba con él.
Entonces me coge en brazos, y cruza la acera camino al hospital.
            - En serio que no hacía falta…
            - No pasa nada… de verdad
            - Bueno, pues muchas gracias…
            - Nada nada… Y, como te llamas?
            - Sandra, encantada.
            - Te daría dos besos, pero en esta situación es un poco incómodo… jajaja pero de todas formas, encantado igualmente. Un placer conocer a alguien por coincidencia…
            - jaja si…
Llegamos a la puerta de Urgencias y me deja en un banco mientras va a hablar con la recepcionista. Cuando acaba se sienta a mi lado. Esperamos y después de un rato me llaman y entro en la consulta. El desconocido que me trajo hasta aquí espera fuera.
            - Bueno, que le ha pasado?
            - Pues que iba por al calle y este señor me ha dado un golpe con la bicicleta y me he caído. Y ahora me duele el tobillo y noto como si tuviera algo.
            - A ver, siéntese aquí y saque el zapato porfavor.
Me siento y hago como me dice el médico. Me va tocando en diferentes lugares del tobillo, y al final, me dice que me puedo calzar de nuevo y el se sienta en su mesa.
            - Bueno, pues aquí lo que tiene usted es un pequeño esguince, pero nada serio, lo único tendré que vendarle el tobillo y tiene que quedarse con el tobillo inmovilizado durante unos días, 5 o 6.
Mientras escribe en el ordenador miro por la puerta que quedó entreabierta. Veo al señor que me trajo hasta aquí. Saca una tarjeta de su bolsillo y algo de dinero y se lo da a la recepcionista diciéndole algo al oído. Acto seguido mira para mi. Y se quita las gafas de sol dejando ver sus ojos… No. No son negros. Son verdes.
Por qué hacerme ilusiones? Imposible que fuese él.


Pasamos por muchas calles amucha velocidad. Estoy nervioso. Sigo el mapa que me hago mentalmente. Más o menos recuerdo el camino de vuelta a casa.
            - Espera, para aquí. – Me dice Elena señalando a una gasolinera.
            - Que pasa?
            - Que tengo que ir al baño, y supongo que tu también. Que no creo que lo primero que le digas a tu padre vaya a ser “tengo que ir al baño”…
Se baja de la moto y se dirige al baño. Acaba de decir “tu padre”. Si… Mi padre. Me gusta eso, el hecho de pensar que tengo uno.
Yo también me bajo y voy al baño. Me miro en el espejo. Como cambié desde aquella vez. Soy diferente. Pero algo sigue igual. No se si me reconocerá. Pero, era mi padre, la persona que mejor me conocía…
Dios, no me creo que esté aquí. Gracias a Elena, estoy apunto de arreglar, o, intentar arreglar mi mayor error. No sé que me dirá. No sé como se lo tomará…
Llamaré a mi hermano. Él fue el último de los dos en perder el contacto con nuestro padre. Y no se si lo perdió del todo…
Marco el número de mi hermano… Pip, pip
            - Diga?
            - Hola, soy Aaron.
            - Anda, como es que me llamas ahora? No estabas trabajando?
            - Uf, una larga historia… Si llaman, fui a ver a nuestra madre al hospital, luego te explico. Pero, te lo resumo todo… Estoy con Elena…
            - Con Elena? la chica esa de hace 3 años…?
            - Si sí, esa misma…Peor el caos es que estoy en una gasolinera, que acabo de parar para ir al baño y ella lo mismo, y, estoy camino a casa…
            - Camino a casa?
            - Si, eso mismo que olles. Voy a casa, a mi casa de verdad, por una única  razón… Voy a pedirle perdón a papá
Mi hermano se queda callado. Supongo que no se imaginaba eso…
            - Me alegro. Yo no he perdido el contacto con él, y sé que te espera. Vive dónde siempre. El resto lo averiguarás tú. Me alegro hermano. Haz lo qe tengas que hacer…
            - Eso haré. Gracias…
Cuelgo. Vale. Ya está. Me miro una última vez en el espejo. Este es uno de esos momentos que les cuentas a tus nietos cuándo tienes 80 años y estás con ellos en un salón hablando de “cuándo era joven…”. Pero ahora, a ver como acaba todo…
Salgo del baño, y veo a Elena, le doy un beso y un abrazo.
            - Gracias – Le susurro al oído.
Acto seguido nos montamos en la moto y acelero.


- Perdone, el señor que la acompañó dejó esto para usted…- me dice la recepcionista.         
- Ah vale, muchas gracias. .Y cojo lo que me entrega. Una tarjeta con su númeor de teléfono, nomb y apellido y lugar donde trabaja, un sobre con algo de dinero y una nota que dice:
“Querida Sandra, un placer haberte conocido. Pero me he tenido que ir, pues no puedo llegar tarde a trabajar. Te dejo algo de dinero para que te pagues un taxi, pues me siento obligado a pagártelo. Y mi tarjeta por si necesitas algo, o simplemente te apetece quedar para tomar algo.
Un placer conocerte, un beso.”
Tim. Se llama Tim. Que genial es este hombre… Le voy a llamar para quedar… Quién sabe, alo mejor surge algo… Pero le llamaré después. Peor lo que si, tengo que llamar al trabajo para decir que no puedo ir a trabajar ahora…
Marco el número…
            - Diga?
            - hola, buenas tardes, soy Sandra… Era para avisar que esta tarde no puedo ir a trabajar, pues me he tenido un pequeño accidente, y he tenido que ir al hospital, y me han mandado para casa. Pero mañana en principio iré a trbajar como normalmente.
            - Vale. Muchas gracias por avisar. Recupérese. Buenas tardes.
Y cuelgan el teléfono del otro lado.
Espero a que pase algún taxi, y después de varios minutos, veo uno que vine porla esquina.
            - Taxi!
Se para a mi lado, y entro en el taxi.
            -Para dónde va?
Le doy mi dirección y arranca el coche.
Pasamos por la calles, gira ala derecha. Para en un semáforo en rojo. Sigue recto y vuelve a girar. sigue las indicaciones que le doy. Y después de 15 minutos, aparca en frente de mi casa.
            - Son 20 pavos.
Saco el dinero del sobre que me entregó Tim.
            - Aquí tiene. Muchas gracias.
Me bajodel taxi y entro en mi edificio. Abro el buzón, y tengo varias cartas.
La factura del gas, la factura del agua, una de mi hermano, alguna de publicidad, y una que no tiene dirección. Subo las escaleras y entro en casa. Llamaré a Sr. Pardo dentro de un rato… Me siento en el sofá y abro las cartas. No tienen nada importante… Pero, cogo la que no tiene dirección. Pero sí que tiene algo escrito por detrás.
            “Querida Sra. esta carta estaba en su antigua dirección. Nosotros acabamos de mudarnos a su antigua casa, y encontramos esta carta. Esperamos que no sea demasiado tarde. Muchas gracias”
Bueno, a saber de cuándo es… Hace años que no voy a recoger cartas allí…
La abro. Tiene pinta de llevar allí varios años…

            “Querida Sandra. Queridísima Sandra…
Soy Jack. Te acuerdas de mí? Supongo que ya no querrás saber nada mi. Supongo que el mero hecho de recordar mi nombre te haga odiarme un poco más aún. Pero, después te años cargando con tu recuerdo, he decidido que es hora de hacerle frente al miedo. Al miedo de admitir que hice mal. Que hice un error. Te sorprende verme admitiendo mis errores…? Supongo que sí…
No me salen las palabras… Tu misma sabes que nunca fui un gran escritor. Pero confío en que con solo decir la verdad te baste para que veas que lo siento. Que estoy arrepentido. Prefiero no hacer rimas ni decorar mis palabras, solo decir la verdad. Solo te pido que me creas.
Lo siento. Era algo que tenía pendiente de decirte…Algo que quería sacar de dentro…
No confío en que esta carta te llegue. Tal vez ya has rehecho tu vida, tal vez te has mudado al 5º piso en medio de la ciudad desde el cuál podrás ver la luna, que tanto ansiabas tener… Espero que así sea, y espero que todos los sueños de los que hablamos hace años, los hayas cumplido. En resumen, espero que estés bien. Verdaderamente bien…Pero, aunque no te llegue, podré estar un poco más tranquilo pensando que lo intenté…
La razón de esta carta…? Arrepentimiento. Si, me arrepiento de lo que hice, de dejarte así, sin explicar, sin casi decir adiós. Me siento mal, aunque no te lo cras. En aquellos momentos, te utilicé. Si. Lo admito. Te utilicé. Te usé. Por miedo a quedarme solo. Por miedo a estar sin nadie. Y te encontré a ti. una chica tan inocente y tan cegada por lo que creo que era amor. Y yo, pues, no pensé mejor que en utilizarte. EN hacerte creer que te amaba. Te quería, eso sí. Los besos que te di no fueron en vano, ni vacíos de significado, pero, no te amaba…Pero, todos los falsos “te quiero” que te dije, que te escribí, que te canté, vienen ahora con verdadero significado. No sé por qué. hace años que no escucho tu voz, hace años que no te veo, ni tus ojos, ni tu bella sonrisa. Nada. Pero, estoy viviendo con tu recuerdo y con el peso de haberte hecho daño. Supongo que tu querrías saber la verdad, la verdad sobre aquella corta relación, y, aquí la tienes. La verdad. No te digo ni una sola mentira.
Te acuerdas de aquella tarde de invierno, sentados en tu salón con la chimenea y hablando de nuestros sueños…? Yo si, recuerdo esa tarde y recuerdo lo que la siguió esa noche. También recuerdo ese “te amo” que me dijiste al oído. La primera vez que lo escuché. Quizás me lo dijeron más veces, pero siempre me hice los oídos sordos. Pero, aquellas dos palabras que me dijiste, y que no tuvieron respuesta, se han quedado gravadas en mi mente, en mi corazón, todos estos años. Y ahora me arrepiento de no haberte contestado…
no sé que más decirte. Lo que tenía pendiente era esto. Pedir perdón y decirte que te echo de menos.
Prefiero no darte una dirección, o un número de teléfono. Es mejor que estemos separados. Aunque confío plenamente en que nos volveremos a ver. Confió en volver a tener la oportunidad de tenerte entre mis brazos, y en tener la oportunidad de decirte todos los te quiero que dejé  sin decir… Pero de momento, es mejor así…
En unos años, te mandaré otra carta…Por ahora, intentaré olvidarme de todo… Guardarlo en mi corazón…pero es hora de seguir adelante…
Espero que todo lo que pasó no te haya marcado… Pero, lo siento si así fue… Antes era diferente. Un bicho raro para la vista de los demás, como recordarás. Y, era insensible. Tenía un corazón de piedra. Pero, te aseguro que he cambiado. Que he cambiado de opinión. Y que me he decidido que es mejor situarse que ir de flor en flor.

Espero que estés bien. De verdad.
Y recuerda, no estés mal por loo que pasó. Por favor.
Y ahora, viviré con el peso de haber echo daño a una persona tan especial… De haberte echo daño a ti…

Recuerdos. Un abrazo muy fuerte.
Jack. Tú jack…

P.D. Perdón.”
Ahora sí. Ahora si que lloro.
Me ha dicho la verdad. Y la verdad era lo que supuse. Me utilizó. Pero, ahora dice que lo siente… no me lo creo.
Me pide perdón…


            - Dónde está la casa de tu padre…?
            - A 5 minutos de aquí… Estamos llegando.
Voy un poco más despacio. Me intento imaginar a mi padre… como será? Habrá cambiado mucho…? Como estará? Dijo mi hermano que me estaba esperando… De verdad será así…?
Giramos a la derecha, y entro en la calle. Mi calle. La calle donde pasé toda mi infancia. Todos los días de mi infancia…
Aparco la moto. Y bajo de ella.
            - Aquí es. Número 12.
La casa sigue igual. Blanca por fuera, con las vigas de madera. Un pequeño jardín bien cuidado delante. Y la puerta de madera con el número 12 en dorado.
            - Venga. Tu puedes. –Me dice Elena.
Me da un abrazo bien fuerte mientras me dice al oído “es tu padre. Te escuchará.”
La sonrío, y voy hacia la puerta.
Le doy al timbre y espero.
el corazón me va a cien. no se si estará en casa. No puedo. Estoy demasiado nervioso…
De repente, un señor abre la puerta de casa.
Un señor alto, y más o menos delgado. Aparenta unos 50 años.
Abre la puerta con una sonrisa en la cara. Pero, en cuánto me ve, su expresión cambia por completo…
No dice nada, le tiembla el pulso, y parece no saber si dejar la puerta abierta, o cerrarla de golpe. A mi me pilla completamente por sorpresa, casi no ha cambiado. Se ve un brillo en sus ojos, y un pasado extraño… me podría caer en estos momentos, pero soy fuerte y hago frente a las consecuencias.
Él se echa para atrás, y dice más que asombrado.       
- Aaron?!
            - Papá…
Y antes de decir nada más. Me abraza. Me abraza fuerte, casi cortándome la respiración.
            - Papá. Perdón. Lo siento. No debí haber echo lo que hice. Es que no sé en qué pensé…
            - Sh… Calla… No digas nada…
Nos quedamos así, abrazados, llorando. Llorando o de rabia, o de pena, o de alegría, la verdad, no lo sé. Pero llorando, y, lo más importante. Llorando juntos.
            - Papá… Perdón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Contando, contando....