domingo, 28 de noviembre de 2010

Capítulo 5- Sandra, San Fancisco y la palabra "desear".

- Dime una cosa…


- Que cosa?


- Que nos pasó?


- Cuando? Durante estos años que llevamos sin vernos?


- No… En aquel verano digo…


Aaron me mira a los ojos. Me sonríe.


- Sabes que fue? – Me pregunta


- A que te refieres?


- Me refiero a que qué pasó en ese verano… Que NOS pasó…


- no se… Que fue?


Me mira otra vez, con una mirada un poco tímida.


- Nos enamoramos.





Llevo a Whisky de la correa. El ladra a cada perro que ve. Empieza a salir el sol, el agua de los suelos aún ligeramente mojados brilla bajo la luz. Los niños pequeños, chapotean en los charcos de agua, aprovechando cada gota que queda en el suelo. Se ve un precioso arco iris, de pocos colores, pero muchos a la vez. Incoloro, pero multicolor. Las parejas de enamorados lo miran, sonriendo, y se oyen murmuros que dicen “te quiero”.


Es perfecta. Las vidas que llevan. Preciosas,


Prin.Prin. Saco el móvil. Tengo un mensaje:



“Desconocido, donde estas? Quería darle la enhorabuena a mi mejor amigo! Jajaja Podemos vernos en un cuarto de hora en el bar de Mario? un beso!”


Es Sandra. Esa amiga que lleva conmigo muchos años…


“Claro! nos vemos ahí! Yo ya voy para allá! otro beso!”


Bien.

Sandra era la típica mejor amiga que tiene una chica a sus 18 años. Fiel. Compartidora de anécdotas, de fines de semana y fiestas, aquella que guardaba secretos, y que te animaba el día. La que te hacía sonreír. La que te animaba a hacer locuras, y con la que ibas de compra, te decía con toda la confianza cuando algo te quedaba mal, y se reía contigo en todo momento. También era la persona que te concia mejor. Con la que podías llorar con la cara al descubierto. Que sabía cuando algo era serio o no. Cuando siempre estaba ahí. A las 5 de la mañana, a las 3 de la tarde,, en medio de clase. Siempre. Y Sandra, también había sido, esa misma persona, para “ella.” Era la única que sabía lo que paso d verdad. Después de que yo me “escapara” por culpadle miedo. Sandra se quedó con ella. Le dio su apoyo en todo. Y la ayudó con todos los problemas que tuvo. Pero después, cuando empezó a trabajar, se vino a vivir aquí, sin saber que yo estaba aquí también. Y un día, nos cruzamos en u supermercado, y enseguida nos reconocimos. Desde ese día, siempre nos vemos, nos contamos todo, y ella me contó, en aquel momento lo que había pasado con ella Sandra, ahora mismo, es la única persona que sabe como me siento por ella. Como me siento de estúpido al haberla dejado. Es la persona en la que más puedo confiar. Que sabe cuando estoy mal, y cuando es así, me dice que llore. Que no tenga vergüenza, y después, cuando estoy bien, nos reímos juntos. Aún teniendo 38 años, tenemos nuestras tonterías, cuando estamos juntos, somos como dos hermanos enanos. Seque nunca va a pasar nada entre nosotros, nos conocemos muy bien, pero somos hermanos desde el día que nos conocimos. Nada más.


Sigo caminando por las calles y giro por la larga calle, en la que al final está el bar. de Mario, un sitio perfecto para quedar. Cuando hace bueno, uno se puede sentar en la parte d afuera, mirando al parque y al precioso río cristalino, y en invierno, enciende una chimenea, y nos sentamos ahí. Es muy lindo. Me siento en nuestra mesa de siempre. Sigo vagando por mis pensamientos, sigo vagando por mimando y por el de ella. Espero a que llegue Sandra. Intento escapar de las miradas y cuchicheos de la gente, y sonrío a la gente que me grita la enhorabuena.



Estoy al lado de Aaron, me acaba de besar. Me mira a los ojos, me sonríe. Me acaricia. Cada segundo a su lado es mágico. No me lo puedo creer.


- Es genial estar a tu lado Elena… - Parece que me lee el pensamiento – Tantos años sin verte… tres años. Es increíble. Y, aún así, no he podido olvidarte… - Me mira. Es tan perfecto.


- Tres años…Es mucho tiempo…


- Ya. Es raro que nunca hubiésemos coincidido antes… - Eso hace que me despierte del sueño y viaje al pasado..


- Bueno, ahora que lo dices…


- Ahora que digo el que?


- Eso, lo de que nunca hemos coincidido…


- Que pasa?


Me mira sorprendido.


- Han pasado tres años sin hablar cara a cara, pero no han sido tres años sin verte… Por lo menos no tres años sin verte yo a ti…

- Como!? Que dices?! Cuando me viste?


- No sé… En un verano, en San Francisco… Estaba d vacaciones con mi madre. Me acuerdo que estaba en una playa, y te vi. Vi que una señora jovencilla llamaba por ti. Te reconocí. Me acerqué hacia donde estabas, con planes de ir junto tuya para saludarte, pero cuando iba a ir, me sonó el móvil, y cuando acabe de hablar, tú ya no estabas… Después pensé que habría sido imaginación mía, pero algo me decía que si había sido cierto…

- Dios mío, es cierto yo fui un verano, allá a San Francisco…Estaba con mi tía Sandra pasando el verano, y con un amigo suyo,…no me puedo creer que no nos hubiésemos hablado… Estábamos los dos, allí de vacaciones. Habría sido tan emocionante… -

Me quedo como pensando en ese verano… Justo ayer leí en un viejo diario, de tapas duras, color negro. Con mis iniciales escritas. Hablaba de ese verano…


“5 de Julio: San Francisco:

Estoy con má, camino a San Francisco… no preguntes como he llegado a estar aquí, cuando nuestros planes iniciales eran playa, compras y fiestas, pero resulta que las playas están vacías, y las tiendas convoca cosa, y las fiestas, repletas de miradas desconocidas… Así que decidimos pasar un verano “má más Ele"...

Aprovecharé para, así, olvidarme de él. Hace dos años que no le veo. Dos. Hace dos años que no veo sus ojos, que no siento su calor. Hace dos años que no estoy con Aaron. Tengo que dejar su recuerdo atrás. No puedo dejar de vivir. Tengo que dejar atrás el pasado y vivir el presente. Mi presente. Tengo que admitir que jamás volveré a verle. Es hora de crecer. He quitado todo lo que me pueda recordar a el de mi vista. Sus fotos, nuestras conversaciones impresas, su camiseta prestada, su anillo. Todo. No puedo seguir viviendo algo que ya pasó. No puedo vivir en otro mundo, otro momento que no sea este y ahora. Simplemente no puedo.

Y no quiero seguir esperando a alguien que no va a volver… Él no volverá. Por mi, no volverá.”


Es gracioso. La Elena de antes no se podría creer donde está. Con quien. Ese verano había sido diferente… Pero se había dado cuenta de muchas cosas…


“29 de Agosto. En casa.

Ya. Ya pasó. Todo. Se acabó Mi verano. Ha sido diferente. Un mes y medio, en San Francisco, con mi madre. Todo fue especial en estas semanas. Conocí a un chico. Dan. Digamos que tuvimos .algo, Algo surgió. Fue muy bonito. Le conocí en el cine. Nos tropezamos y aprovechamos para conocernos. Es de Londres. Un día, estábamos juntos, en la playa, sentados, por la mañana, y hablamos. Mucho. De todo. Nuestras miradas se cruzaban. Nuestras manos jugaban. Nuestros brazos se entrelazaban. Y nuestros labios se besaban. Sonreíamos. Era perfecto. Exactamente lo que cualquier chica puede querer. Pero de repente, entre las miradas desconocidas, reconocí una. No era la de mi madre. No. Ni de Don Carlos, el dueño de nuestro edificio de pisos. Si no la mirada de un chico de ojos verdes. Un desconocido. ME quedé mirando hacia el. No me veía. Iba con una chica rubia de unos 30 años y un señor de una edad parecida. Se sentaron. Él cogió su toalla amarilla, y se sentó. Con al espalda al aire. Su pelo rubio era movido por la ligera brisa marina. No sabía quien era…

- Ele! Preciosa, que miras? – La voz de Dan hizo que por un momento dejase de mirar en esa dirección.

- Nada.. lo siento…

- Estás bien?

- Sisi, no pasa nada

Entonces aparté la vista y volví a mirar a Dan, a besar y a darle la mano. Pero después escuché la voz de la chica. Gritaba su nombre. No me lo podía creer. Gritaba el nombre de Aaron. Mi Aaron? No… imposible… e quedé paralizada. Llevaba todo el verano intentando no pensar en el, y al fin, lo había conseguido, gracias a Dan… Pero ahí estaba ese chico, completo desconocido, que era llamado Aaron… Me vino a la cabeza una frase que me había dicho un amigo “ El tiempo no cura nada, sólo nos enseña a vivir con el dolor…” Me vino justo en ese momento. Zas. Al mirarle. Al escucharle reír. Al ver sus ojos…

- Dan, un segundo ahora vuelvo…

- Adonde vas?

- Nada.. Esque creo que conozco a una chica que está ahí…

- Vale!

Entonces me levanté, y fui hasta más o menos, 10 metros de distancia de él. El señor me vio. Me sonrió con curiosidad. Le contesté. Pero justo en ese momento, la señora les dijo que se tenían que ir. A mi me sonó el móvil. Era mi madre. Si no le cogía, se volvería histérica. Cuando acabé de hablar con ella, estos ya se iban. Y el señor, miró hacia mí de nuevo. Con una miada que me parecía conocida. Esta vez estaba segura que nunca le había visto. Pero al mirar a este señor, que iba con Aaron, pensé en… Casa…”

- Elena, en que piensas?


- En aquel verano… Me acabo de acordar de una cosa que había escrito en mi diario…


- Ah. Que decía?


- Que te había visto… y hablaba también del señor que estaba contigo…


- Que decía de él?


- Que… De alguna manera, me recordaba a… a casa…


Nos quedamos callados. Mirándonos. Esta vez no hay ninguna otra mirada desconocida para reconocer… solo la mía y la suya…




- Sandra! Aquí!


La Veo llegar y la saludo con la mano. Se acerca a mí, me da dos besos y s sienta. Lleva unos vaqueros ajustados y una camisa blanca. El pelo recogido en un moderno moño, y unos pendientes largos colgando. En la mano lleva una chaqueta y el bolso negro. Sale de trabajar.


- Hola! Que ganas tenía de verte! Felicidades eh!


- Jaja gracias!


- Me encantó verte en la televisión! Pero enserio, enhorabuena! Es genial… Mi mejor amigo, gana semejante premio! Dios mío!


- Jajaja n es para tanto..


- Que no lo es? Si es alucinante!


- Jajá jajá


Me siento bien hablando con ella. Siempre sonriendo. Se acerca el camarero y le pregunta que quiere. Ella pide un café. Cuando llega, se acomoda en el sillón y me pregunta:


- Una pregunta… Lo de la familia…?


M quedo callado. Mirando para abajo.


- Era en serio no?


-Bien lo sabes tú…

-Pero… lo vas a hacer?


- Si… Lo voy a intentar…


Me sonríe.

- La extrañas verdad?


- Si… Mucho. Demasiado.


- Lo se.


- Necesito su olor. Sus ojos verdes. Toda ella. Necesito tenerla aquí… Es tonto seguir enamorado de una chica a la que dejaste abandonada, y ala que hace 17 años que no sabes nada de ella… Pero, a veces cuando pienso que ya puedo seguir adelante, pienso en su mirada, en su sonrisa, en aquel primer beso… Y también pienso en esa carta que le escribí. Que me caían las lágrimas al imaginármela leyéndola…


Me da la mano, como para intentar hacerme creer que todo saldrá bien…


- Es que hay tantos momentos en los que me arrepiento de estar aquí…


- Entonces, te diré una cosa…


- Que cosa?


- Que narices haces aquí?


Hace que sonría un poco…


- Tienes razón. Que narices hago aquí? Quiero volver a mi país. El lugar donde uno nace, donde uno crece, siempre tiene algo de especial… Por muy buenos momentos que se puedan tener aquí. Por mucho que me hubiese planteado mi futuro aquí, allá pasé toda mi infancia. La conocí. Crecí. Aprendí a vivir. Hecho de menos mí pueblo, los ríos maravillosos, las montañas. Las fiestas típicas, en las que todos nos conocíamos, y nos divertíamos. Sin pensar en otra cosa. En las que, después de un rato, la cogía de la mano, e íbamos por el bosque, medio perdidos, peo enamorados…Y aquí, que hice? Arrepentirme de estos últimos 17 años… He hecho muchísimas cosas, hasta he ganado un premio que ni en sueño me llegué a imaginar que ganaría, un libro escrito por mi. De mi vida. Como me dijo Sandra una vez, los libros que cuentan trozos de la realidad, son los mejores escritos. Por que no es imaginación, es simplemente, la realidad escrita desde un punto de vista diferente...


- Entonces, vete a casa. Ya. Haz las maletas, coge lo esencial, compra el billete, y vete. Vete a buscarla.


- Es lo que haré, pero…


- Pero?


- Hazme un favor


- Claro, cual?


- Ven conmigo, por favor


Se calla. Se lo piensa. Ojala diga que sí.


- Claro. Por supuesto.


- Gracias.


Le doy un abrazo. Es una amiga perfecta. Le debo muchísimas.





Saco un bolígrafo y un papel de mi bolsillo.


- Aaron, dime una palabra…


- Eh?


- Que me digas una palabra,. Y piénsatela bien…


- Jajaja vale, vale…


Se la piensa, mira para la hierba, y después, mira para mí. Se acerca a mi cara, y me dice:


- Desear.


- Desear?


- Si.


La escribo en el papel, y lo doblo.



- Por que esa palabra?



- Tiene su historia…



- Cuéntamela…



- Pregunta.


- Jajaja Vale. Cual es la historia d la palabra desear?


- Hm…. Deja que te cuente…


- Si, yo te dejo que me cuentes lo que sea…



Entonces, el se echa para atrás, y yo me apoyo en su hombro. Me da la mano, y me empieza a contar.


- Digamos que la palabra desear, tiene varios significados… tiene un historia que sería esta… Yo, desde el último día en que vi a una persona, llevo deseando y deseando volver a verla… He perdido muchas oportunidades, quizás demasiadas. He llorado por la noche, y no he podido decir que sí a ninguna otra persona.. y si lo decía, no era verdad… Deseaba ver a esta persona, más que a nadie, la deseaba a ella. Entonces, ese deseo, me mataba, era horrible, pero tenía la certeza, de, que cuando lo consiguiese, sería inmensamente feliz. Sería capaz de hacer todo lo que quisiera. Estaría bien. Desde ese día, la palabra desear ha sido mi definición….Y sabes que? Esa persona, esa persona que llevo deseando volver a ver. Eras tú. Hoy te encontré, y he llegado al punto en el que soy más feliz. Estoy a tu lado Elena.


Me quedo medio temblando, sus palabras hacen que me vengan ganas de llorar. Todo lo que dice, es lo que me ha pasado a mí desde ese día…


- Y… Que deseas ahora?


Me incorporo, le miro a los ojos. Él me sonríe, y, después de un segundo me dice:


- A ti. Te deseo a ti.


Se acerca más, y me besa. Ese deseo se hace realidad… Le deseo a él.







domingo, 14 de noviembre de 2010

Capítulo 4- Por cierto, te quiero.

Qué e hecho? Que me ha pasado? A donde se fue todo? En una sola tarde, por culpa de un “no” equivocado, en un pequeño instante, todo cambió. Todo. No me lo explico. Mi vida era bonita. No perfecta. Nadie tiene la vida perfecta. Pero yo fui tan tonto. El miedo se apropió de mí. El miedo.


El Rin, Rin del teléfono interrumpe sus pensamientos…


- Diga?


- Buenas tardes. Es usted el señor Pardo?


- Si, quien es usted?


- El jefe de la editorial con la que quería usted volver a publicar su libro.


- Ah! Si. Hay algún problema?


- No, solo quería mirar un día para poder conocerle, y hablar sobre la publicación. Ya tengo una mujer de fiar, que está dispuesta a juntarse con usted para mirar eso. Si quiere, le doy su número y la llama. Pero hoy está ocupada, si la puede llamar mañana, nos haría un favor.


- Perfecto! pues mañana la llamo entonces! Muchas gracias por todo, en serio.


- No es nada, hago mi trabajo. Mira, le doy el número?


- Si, por favor


- 658....


- Vale, muchas gracias por todo.


- Nada. Saludos


- Adiós.


El señor Pardo deja el teléfono encima de la mesilla. Va a la cocina y se hace un café. Mira por la ventana. Bien, ha dejado de llover. Pone el café en un vaso de papel. Le pone la correa a Whisky. Abre la puerta, sale con el perro, cierra. Y respira hondo.


Deja de pensar en eso. Para ya.


Empieza a caminar por las calles de su pequeño pueblo, sin demasiada edificación. Casas, caminos de piedras. Algún parque. Las lámparas que siempre se encienden a las nueve y treinta cuatro de la noche, y se apagan a las 8 y siete de la mañana. Es su pueblo. Le gusta.





Está detrás mía. Está apoyada en mi espalda. Sonriendo. Agarrada fuertemente a mí. Noto su respiración. Es un sueño del que no quiero despertar. Como una persona que por fin conoce a su ídolo. No se lo cree. Yo no me lo creo. Es ella de verdad. Esa niña que conocí. Esa adolescente que eché de menos. Esa joven mujer que está sentada conmigo.


En una moto, con un chico que hace varios años que no ve. Es alucinante la confianza que tiene.


- En que piensas? Estás muy callado…


- Hm… Si te digo la verdad, en estos momentos pensaba en una niña…


- Una niña? – dice un poco incomoda


- Si, una niña que conocí hace tres años. A la que e echado de menos desde entonces, y una niña que ahora mismo está mirando con sus ojitos azules a un chico con el que va en una moto… Sabes donde está?


- Puede… La llamo?


- Si, por favor…


- Jajajajajaja Elena!


Se calla un segundo…


- Aquí estoy…


- Lo sé. Llevo pensando en ti todo el viaje...


- El viaje que nos lleva a donde?


- A aquí.


Paro la moto en un aparcamiento en el que solamente hay unos coches, viejos y mal pintados, una moto blanca, algunos contenedores y una cabina de pago vacía….


- Aquí es a donde me llevas? – Dice u poco disgustada


- En serio te has quedado con esa impresión de madurante todos estos años?


- No sé. Nunca se sabe…


- Bueno. Tu ahora cierra los ojos y dame tu fular


Le coloco el fular en los ojos. Mis manos rozan su suave piel. Mi piel caliente contra la suya fría. Somos opuestos. Encajamos. La cojo de la mano.


- A donde me llevas?


- Sh. Ahora, te toca confiar en mi… vale?


- Vale.


Aaron guía el camino. Pasa el aparcamiento y se adentra en el pequeño bosque. Se acuerda del camino perfectamente.


- Elena, hazme un favor…


- El que?


- Vuelve a hace tres años, justo, día 7 como hoy. Ibas conmigo por un camino desconocido para los dos. Que sentías en ese momento?


- Pues… no se… Sentía la sensación de estar, de aluna manera, libre. De pensar que podría confiar en ti. Que no me dejarías, nunca. De quererte… De que siempre seríamos, no se, algo. Que nunca llegaríamos a ser “desconocidos”, pero…


- Pero después inventamos el juego…


- Si. Supongo que pensamos que se haría más fácil así. El no estar juntos.


- Pero fuimos tontos. No funcionó.


- No…


Nos quedamos callados, durante un rato. Yo seguí guiando el camino. Notaba su nerviosismo. Pero me relajaba. Después de unos minutos de silencio, escuchando simplemente los pájaros, y el viento contra las ramas de algunos árboles, Elena me dijo:


- Sabes que? No tienes ni idea de cuanto tiempo llevo esperando este momento... Odiadote y amándote a la misma vez. Querer besarte, pero tener que olvidarte. En un momento una cosa, en otro momento otra. Bipolar.


- Odiándome? Por que?


- No se. Por las cosas que pasaron en aquel verano. Por aceptar el juego que inventé. Por olvidarme. Por amarte.


- Olvidarte? Yo? Olvidarte? Eras mi pensamiento constante. Tu, niña de mi vida. Ocupabas mis sueños. Le dabas vida a mis días. Le diste un propósito a mi vida. Encontrarte. – Me callé.


- Tengo el fular en los ojos, pero si lo quitase, sé que vería tus ojos. Diciendo al verdad. Es que ya no se que decir. No me creo que esté contigo. Es un sueño.


- No lo es. Es real.


Se queda medio temblando. No es el frío. Hay sol. Es por que acabo de decir la verdad.


- A donde vamos?


- A un lugar…


- En serio? No me había dado cuenta…


- No me dejaste terminar la frase chica…


- Ui, lo siento. Que ibas a decir?


- Que vamos a un lugar, especial, fuera de este mundo…


- Me gusta. Y… Cuando llegamos?


- Ahora.


Le quita el fular de los ojos. Le deja ver conde está. El sol pila a Elena por sorpresa. Es muy fuerte. Al principio, solamente ve una masa de verde, pero después, se da cuenta de donde está.


Ni el ni ella se lo pueden creer. Ese mismo lugar. No ha cambiado nada. Sigue la roca. El sauce. Los pájaros. La magia. El amor. Todo.


Aaron se queda asombrado, lo recordaba bonito, pero está vez es perfecto!


- Dios mío! Es perfecto! está todo igual! – Dice Elena


- Lo se… Es igual! Estamos en ese verano…


- Si! es genial! Gracias! En serio!


- Te gusta?


- Me encanta! A ti?


- Es perfecto!


Se quedan mirando el campo. U simple campo. Pero, para ellos, un gran paraíso. Sonríen. Sonríen por el mero hecho de estar en un campo. Los dos juntos. Felices, como enanos.


- Que piensas Elena?


- Que quiero correr.


- Por?


- No se. Aquí te dije que a veces me sentía con ganas de volar, o de correr. Ahora es lo que quiero hacer.


- Jajá jajá corre pues.


- Vale! Jajaja


Elena, empieza a caminar, de espaldas, mirando a Aaron. Como una niña pequeña. Se da la vuelta, y corre. Corre con los brazos abiertos, volando en su mundo. Feliz. Escapando de toda preocupación.


-

- Vuelo! Jajaja


Dios. Es perfecta.


- Dime algo! – Me grita


- El que?


- No se!


Hablamos por gritos, pero escucho su voz como si estuviese justo a mi lado.


- Te cuento un secreto!


- Cual? – Me pregunta curiosa.


Me quedo calado. Espero. Y después, se lo grito.


- TE QUIERO! – Mi voz resonando por el campo.


Ella se queda quieta. Sonriendo. Yo me acerco hacia ella. Corro hacia ella.


Hay una distancia de centímetros entre nosotros. Estoy sin aliento.


- Te quiero.


Borro la distancia ente nosotros. Me acerco a ella. Le doy la mano. Se queda callada. Me mira. Yo a ella. La acaricio suavemente. No le suelto la mano.


Nuestras miradas se cruzan. De repente, me vuelve aquella conversación que había tenido con ella. Hace tres años justos. Tenía miedo.


- Ahora tienes miedo?


Me dice que no con la cabeza. Respiramos pesadamente. Es la sensación que se tiene cuando estás junto a esa persona que llevas buscando. A la que amas. Nuestros ojos juegan, buscando un momento en el que queden quietos los dos. Cuando por fin pasa, me acerco a ella.


- Te quiero.


Se lo digo junto a los labios, y antes de que me pueda contestar, la beso.


La rodeo con los brazos. Para o dejar que se valla. Nunca. No la perderé otra vez. Me responde al beso. He vuelto a casa. Ella es mi casa. Por fin. Soy feliz.


Es increíble. Es mágico. En ese beso se dicen todas las palabras que jamás pudimos decir entre nosotros, sobre nosotros. En ese beso, aparecen todos los tequieros,todos los momentos. Todo. Todo pero nada. Nosotros pero nadie. Solo los dos juntos.


Me mira. Me sonríe. Y me dice:


- Por cierto, te quiero.


Me vuelve a besar. Esta vez más intenso. Más verdadero. Como volviendo al pasado. Es perfecto. Ella es perfecta.


El mundo deja de girar. El viento deja de soplar. El mar se calma. Y todo desaparece. Efectos secundarios del llamado amor.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Capítulo 3- Por fin

Noto los ojos de un chico que me mira. Sin vergüenza ni miedo a ser visto. Le miro e reojo. Es alto. El pelo rubio, un poco despeinado de lado. Una sonrisa… especial. Y sus ojos, brillantes, vivos. Sus vedes ojos.

Cuando me doy cuenta, ya no miro de reojo, si no directamente hacia el. Y él directamente hacia mí.

Por un segundo, somos los únicos en esa habitación, en esta ciudad. En el mundo. Completos desconocidos. Pero tengo la sensación de conocerle de toda la vida. Una sensación que me suena. De hace tiempo.

Me dedica una sonrisa preciosa, casi sin darse cuenta. Se dirige hacia mí. Me late el corazón fuertemente. Pero un golpeen el hombro hace que me despierte de la fantasía, que el se de la vuelta, y yo mire para atrás. Es mi madre.

- Elena, vamos a comer.

- Ya voy má.

Miro hacia su dirección otra vez, pero ya se iba para la habitación que ponía reservado. Are la puerta, y antes de entrar, vuelve a mirar para mi, y después entra.

Me vio. Me sonrió.

Es ella. Estoy prácticamente seguro…

Alguien abre la puerta de repente, es el Juan.

- Aaron, bien, estás aquí. Llevo media hora buscándote!

- Lo siento. Que pasa?

- Tienes que salir, e ir junto una mesa, pedirles lo que quieren tomar, llevarlo a la cocina, decirlo, esperar a que te den la comida, y llevarla. Entendido?

- Si, entendido. Pero, a que mesa voy?

- No se, la que quede libre, elige.

- Vale, ahora mismo voy.

- Bien, gracias!

- Nada, hago mi trabajo!

Me pongo la tarjeta que dice que soy camarero aquí y salgo. Quedan varias mesas libres. Busco con la mirada su mesa. Hay una con niños pequeños. Otra con ancianos, varias con señores que fuman un pitillo mientras recuerdan viejos tiempos de críos. Ahí. La vi. Está en una mesa, con más o menos las mismas señoras. Y no hay nadie para atender la mesa. Iré yo.

Quién es? Quien es? Elena no hace más que pensar en ese chico desconocido con e que se acaba de encontrar, desconocido, pero conocido de alguna manera… Le suena esa sensación. Se sienta en la mesa. En una esquina, al lado de una señora de gafas redondas, con el pelo recogido en un despeinado moño con canas. Es la típica señora que habla y habla, y es una de las personas más cotillas que puedes llegar a conocer. Enfrente, un alto, delgado señor enciende un pitillo, sin hacer caso a las quejas de su mujer, que sentada a su lado, le insiste discretamente que lo apague. Su madre se sienta en otro lado de la mesa, prácticamente sin hacerle caso, empieza hablar con una señora, que a Elena le suena de vista, de haberla visto aquellas tardes cuando tenía 7 años, que iba a la oficina de su madre a esperarla. Después solían salir, y tomaban un helado por el parque las dos juntas… Que recuerdos.

- Ejem…

Un educado carraspeo interrumpe toda conversación en la pequeña mesa rectangular en la que están sentados. Elena ni levanta la vista. Será el camarero que viene a pedir la comida…

- Siento interrumpir, pero venía a ver si ya estaban decididos sobre la comida que querían pedir…

- Ah! Si! Gracias muchacho. Pues a ver… Que empiecen a pedir…

- Un bistec de ternera!

- Una ración de pulpo!

- Otra ración de salmón!

- Una sopa!

- Nos puede traer el pan?

Las personas se interrumpen, todas intentando pedir a la misma vez…

- Y usted que quiere? – El camarero se dirige hacia mi

- Perdone, quería la ensalada con… - Levanta la vista. Es él. No puedo articular palabra.

- Con que señorita?

- Elena, por favor. La ensalada con unas patatas, por favor

- De acuerdo. Ahora se lo traigo. – Aaron tira el bolígrafo al suelo, apropósito, y cuando se levanta, le susurra al oído:

- Sé que te llamas Elena.

- Que? Como?

Ya no le da tiempo a contestar, el camarero se va. Y en la mesa solamente quedan miradas que no han entendido la escena…

Como sabe mi nombre? Me conoce? Y otra vez repregunta… Quien es?

Al llegar a casa, el señor Pardo se pone manos a la obra… Empieza a buscar. A buscar algo que le pueda dar una pista… Encuentra una caja, verde oscura, con la etiqueta de “Instituto”. Es una caja con cosas de cuando aún estaba en el instituto… Aquí puede aparecer algo. Abre la caja. Diarios. Fotos. Paquetes de comida ya vacíos, pero que hace años tenían valor sentimental. Más diarios. Notas. Cartas, números de teléfono, direcciones, más fotos. Más recuerdos. Se mezclan con el sonido de la ligera lluvia veraniega que hay fuera, con la música de su máquina de música, con el sonido de su respiración, los ladridos de Whisky, los latidos de su corazón. Todo mezclado. Recuerdos. Viejos diarios que hablan de sueños que tenía. Con ella. De montar esa familia que hoy busca. En los siguientes habla de sus días rebeldes, de las tardes con sus amigos, por lo barrios perdidos, graffiteando las paredes. Después vuelve a hablar de ella. De aquella primera vez. Aquella primera tarde-noche juntos. Encuentra un DVD, y le viene la curiosidad. Abre su portátil negro, y mete el DVD .

Se oye una canción. Y aparecen las primeras fotos. Fotos en blanco y negro. Dando sus primeros pasos, bebé. Después cuando era niño. Otras en color. De su familia. Sus amigos. Sus hermanos. Ella. Todo mezclado en un DVD… Aparecen trozos de vídeo, grabados con una cámara grande, que era incapaz de gravar bien, por culpa del mal pulso que tenía el que gravaba, pero aún así, está bien. Las fiestas de Navidad, y las fiestas de cumpleaños. Las tardes de verano en la playa y las noches de inverno junto a una chimenea. Esos días enteros con ella. Cambia de canción. Ahora empiezan a aparecer frases de libros que leyó el. Cuando le vino el amor a leer. Después de lo que escribía el. Un poema que le dedicó a ella. Sus reflexiones personales. Su definición de amor. Cuando lo encontró por primera vez. Una conversación escrita con pluma, y fotografiada. Más conversaciones, y después, la fotografía de la última carta… Cuando le dijo la verdad. Cuando le dijo que tenía miedo. Que la amaba, pero tenía miedo… Alto. Para. Le da a Pausa. Son demasiados momentos para recordar con un simple DVD. Demasiados recuerdos recordar así de repente… Le cae una lágrima por la cara. Pero tiene que seguir viendo ese DVD. Volver a darse cuenta de lo estúpido que fue al dejarla. Todo cambió desde la tarde del 18 de Noviembre del 1992… Todo…

Play otra vez. Seguirá viendo el DVD. Como una película. Su película. Whisky se sienta a su lado, y le lame la mano. El lo acaricia, pero sigue pendiente de la pantalla, esperando a la siguiente imagen, esperando a ver qué revelará.

- Elena! Quien era ese camarero? Le conocías? – Le pregunta su madre, medio preocupada y picada por la curiosidad…

- Em, no se, creo que si…

- Como que no sabes?

- No estoy del todo segura, creo que si….

Pero no, no estoy segura… Cuando vuelva, le preguntaré…

Aquí viene, trae la comida. Empieza a repartirla por la mesa, evitando mi mirada, pero de repente, mira para mí. Con esos ojos verdes.

- Señorita, su comida.

- Gracias.

- De nada

- Perdone, pero, como sabía mi nombre?

No me contesta, pero hace una seña, hacia la servilleta, y, misterioso, se aleja…

Todos empiezan a comer. Yo abro la servilleta, escribió algo…

“ Elena? Eres tú de verdad? Esa niña que conocí cuando tenía 13 años? Esa niña de ojos azules que era indecisa? Con la que hice la promesa de nunca dejara tirada, y después, con la que inventé un juego? El de hacer que éramos desconocidos para siempre? Dime. Contéstame. Te e estado esperando. Como prometido…”

Quien es? Como sabe todo eso? No tiene sentido…

Le doy la vuelta ala servilleta…

“Te acuerdas? Ven a junto de mí, por favor. Allí, en la puerta de cristal que da a la terraza.”

Quien es? Como sabe tanto? Tengo que verle de cerca…

- Má, voy al baño, ahora vuelvo…

- Vale cariño

Me levanto de la silla, cojo mi bolso, y hago que me dirijo al baño, cuando veo que ya no me miran, voy para le puerta…

Que nervios… No se si será mejor no ir… Intento darme la vuelta, pero inconscientemente sigo para donde me dijo… Le veo. Ahí está.

- Te das cuenta de quien soy?

- Te digo la verdad o lo que puede que quieras que sea la verdad?

- La verdad…

- Pues, no se.. No estoy segura…

- Hm… tal vez puedo refrescar tu memoria… - Estoy seguro de que es ella…

- A si? Como?

- Con una frase…

- Que frase?

Se acerca a mí, parece que me va a besar, pero me dice algo al oído. Unas palabras que hacía tiempo que no escuchaba…

- Sigues intentando escapar de la realidad? Si así es, déjame volar contigo…

Dios mío….

- Aaron?!

- Si…

Elena se aparta un poco, está demasiado sorprendida…

- Dios mío! Aaron! Eres tú de verdad?

- Tu que crees?

Corre a sus brazos, él la abraza fuerte. Para no dejarla ir. Por fin. Por fin se encuentran…Después de tanto tiempo…

- Dios mío.. Aaron…

- Elena…

- Te e echado tanto de menos…

- Shh… No digas nada…

Mantiene el abrazo. Aaron está con Elena. Por fin. Su colonia. Sus brazos. Su voz.

Elena está con Aaron. Con su calor. Sus ojos. Su magia.

Están juntos. Su amor.

- Están mirando para aquí… - Dice Aaron.

- Me da igual. Me da igual que me vean. Te e echado tanto de menos… Donde has estado? Todo este tiempo…

- E estado buscándote…

- Dios mío, no puedo creerlo. Eres tú. Te estoy abrazando.

- Elena, sabes lo mucho que te e necesitado? Que e necesitado verte? Dios mío…Por fin…

- Por fin… Me harías un favor Aaron?

- Lo que sea…

- Espérame dos minutos. Voy a coger mi abrigo, voy a darle un beso a mi madre. Y llévame a algún sitio. Quiero estar contigo. Y no puedo esperar más. E esperado 3 años por ti, y no pienso esperar ni un minuto más…

- Me echarán del trabajo, pero me da igual. Voy a decírselo a mi jefe. Te espero en la puerta.

- Hasta dentro de dos minutos…

- Si…

Elena va corriendo a junto de su madre… Dios mío… Es el!

- Mamá… Me surgió un imprevisto… Aly, tiene un problema, urgente, necesita que vaya a junto de ella… Además, sus padres no están en casa, me pidió si me podía ir ya para su casa, que de todas formas, iba a ir esta noche…

- Que le pasó?

- Que se encuentra mal… Y bueno, cosas…

- Bueno, cariño. Si me prometes que vas directamente a su casa… si….

- Gracias mamá. Te quiero!

Le da un beso, y se dirige a la puerta…

- Perdone, Juan…

- Que pasa Aaron?

- Me tengo que ir… Ha surgido un imprevisto…. Mi madre, le ha venido un ataque, de repente, no se que es.. tengo que ir corriendo para allá… Los siento mucho de verdad… Nos ponemos en contacto…

- Vete entonces! Mañana paste por aquí a alas once si puedes!

- Vale, lo intentaré! Gracias!

Es Elena! Por fin!

Voy hacia la moto, allí está ella. Con la cara feliz…

- Preciosa, cuanto tiempo….

- Lo sé… Demasiado…

- A donde me llevas caballero?

- Sorpresa… tienes miedo de las motos?

- Yo? Miedo? No, para nada!

- Genial, entonces monta!

- En serio? Es tuya?

- Si… Venga…

- Dios mío! Esto es genial!

Se montan los dos en la moto, Elena detrás, agarrada a Aaron, fuertemente.

Pasan las calles. Todos los lugares sin importancia. Pasan por delante de casas, parques, edificios, ninguno de ellos lo que busca Aaron…

- En serio, adonde me llevas?

- Espera un poco….

Entonces ella se apoya en su espalda, cierra los ojos. Vive el momento. Y, por primera vez en mucho tiempo es feliz.

Contando, contando....